Iniciada aproximadamente en el año 1284 a.C., la construcción del templo de Ramsés II se extendió por un período de veinte años, hasta 1264 a.C. Se trata de uno de los seis templos edificados durante su reinado, todos ellos destinados a exaltar la magnificencia de la dinastía y de su faraón, para así impresionar a sus enemigos y reforzar la influencia de la religión egipcia a lo largo de su imperio.

El templo de Ramsés II es el mayor de los dos templos que constituyen el complejo de Abu Simbel, y es considerado como uno de los más bellos de todo Egipto. Fue consagrado a Ra, Ptah y Amón, los tres dioses más venerados de entonces, y presenta a Ramsés II como el cuarto gran dios, lo que claramente fue parte de una estrategia política para ganar prestigio.
La fachada del templo de Ramsés II es muy famosa: se trata de un muro de 33 metros de altura, frente al cual se yerguen majestuosas las cuatro estatuas sedentes del faraón. Representado en toda su gloria, porta el nemes –la doble corona que simboliza al Alto y al Bajo Egipto–, la barba postiza, el collar, un pectoral con el nombre de coronación y varios brazaletes decorados. Cada una de ellas de 20 metros de alto. La ubicada a la izquierda del grupo fue dañada por un terremoto, y de ella sólo se mantiene intacta la parte inferior, hasta la cintura. La cabeza y el pecho aún son visibles sobre las arenas del lugar.

A los pies de las estatuas de Ramsés fueron talladas en la piedra otras numerosas esculturas de menor tamaño. Se trata de los miembros de la familia real: Tuya, madre del faraón, el príncipe Amonhorjepeshef (primer coloso de la izquierda), las princesas Bentata, Nebettauy y Senefra (segundo coloso de la izquierda), la reina Nefertari, la princesa Beketmut, el príncipe Riamsese (primer coloso de la derecha), la princesa Nerytamun y nuevamente Tuya y Nefertari (segundo coloso de la derecha).
En conjunto, todas estas obras de arte y arquitectura constituyen un espectáculo de una majestuosidad difícil de describir. Por sus enormes proporciones y por el despliegue de poder que las hizo posible, las estatuas sedentes de Ramsés II destilan una omnipotencia que sólo puede percibirse enfrentándose a ellas.
Foto estatuas de día: biografiasyvidas
Foto estatuas de noche: egiptologia
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