Anubis y momia

El proceso de momificación de los antiguos egipcios no era sólo la preparación física del difunto, sino que además entraban en juego una serie de rituales para asegurarle la vida eterna. Una vez concluido el tratamiento primaria del cuerpo, era necesario infundirle la posibilidad de recibir el ka (la energía vital) y aquí aparecía la ceremonia de apertura de la boca, cuyo protagonista era el dios embalsamador Anubis.

Gracias a ésta ceremonia, el muerto lograba volver a usar su boca para alimentarse y hablar. Junto con él, cada estatua del doble y también las pinturas de los muros, eran tocadas en la boca para simbolizar que estaban listas para recibir el ka del difunto, así podría representarlo dignamente, sustituyendo su cuerpo por los siglos de los siglos.

Este ritual tiene su origen en la leyenda de Osiris y sus funerales. Durante estos, los cuatro hijos de Horus, a petición de Anubis, habían abierto la boca del dios con el fin de permitirle comer, beber y hablar. Todos los muertos asimilados a Osiris tenían la posibilidad, luego de la apertura de la boca, de realizar los mismos actos.

A menudo aparece la escena de apertura de la boca en las paredes de las tumbas, el momento en que Anubis “abre” la boca de Osiris momificado como un símbolo de la resurrección tanto del dios como del difunto.

Además de la momificación, eran necesarias un conjunto de fórmulas para ayudar al difunto en su último viaje. Durante el Imperio Antiguo los textos litúrgicos e inscripciones mágicas se inscribían en los llamados Libros de las Pirámides:

Yo te concedo poder surgir como el sol, rejuvenecer como la luna y renovar la vida como la inundación del Nilo.

Los Textos de los Sarcófagos del Imperio Medio son también escritos con fórmulas mágicas para proveer a las necesidades del difunto y apartar los peligros. En los Libros de los Muertos del Imperio Nuevo se suman aún más fórmulas que se escribían en rollos de papiros y se ajustaban en las vendas de las momias. Y para asegurar la felicidad eterna del muerto, éste negaba todas sus culpas en una especie de confesión negativa:

No he hecho mal a los hombres.
No he maltratado al ganado.
No he cometido pecados en el lugar de la verdad (el templo).
No he blasfemado contra un dios.
No he hecho violencia a un pobre.
No hice enfermar.
No hice llorar.
No he matado.
No he dado órdenes a uno para que mate.
No he tenido relaciones sexuales con la mujer de otro hombre…

Puede sonar algo judeo-cristiano, pero eso es otro tema.

Volviendo al proceso de momificación, en cuanto éste estaba acabado, la momia debía colocarse dentro de un sarcófago. Según la época, era un cofre rectangular o una caja antropomorfa. Los más ricos se hacían colocar, para mayor seguridad, en varios sarcófagos colocados unos dentro de otros, acompañado de los vasos canópicos que contenían las vísceras.

Así, el difunto ya esta listo para comenzar su viaje a la vida eterna.

Foto vía: wayegypt

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  1. Me encanta como escribes, leo tus post y te sigo casi a diario, y este de hoy es de los temas que me gustan a mi, los ritos de los antiguos egipcios son interesantisimos, y talvez la costumbre de nuestros antepasados los guanches, de momificar a sus muertos venga de ahi, al igual que los mandamientos de la fe cristiana……..nada ocurre por casualidad….
    Te sigo leyendo Annabella, gracias y adelante.

    Comentario por Carmen Rosa
    24-08-2008 @ 10:23 am
  2. Muchas gracias por tu comentario, Carmen. El crédito se lo llevan las diferentes fuentes que estudio. Realmente hay temas muy interesantes y me gustan compartirlos con todos a través del Blog.
    Saludos!

    Comentario por Ann
    24-08-2008 @ 10:23 pm