El Festival de Opet

Festival de Opet

El año nuevo se acerca, y las celebraciones modernas nos retrotraen también a otras mucho más lejanas, y por tanto dueñas de una mística inexplicable. En el Antiguo Egipto, el Festival de Opet se celebraba en Tebas, en veneración de la famosa Tríada Tebana, y para dar la bienvenida al segundo mes del calendario egipcio.

Ocultos a bordo de una barca sagrada, las estatuas de Amón, Jonsu y Mut –la mencionada tríada– marchaban en procesión a lo largo de 3 kilómetros por la Avenida de las Esfinges, que unía el templo de Karnak –desde donde partían– con el templo de Luxor.

La procesión que escoltaba a las deidades recorría vivazmente la distancia para celebrar la llegada de Akhet, el mes identificado con la crecida del río Nilo. A lo largo de la ruta, se detenían en las distintas capillas que encontraban a su paso y allí veneraban a los dioses a las que habían sido consagradas.

La fecha del festival se fijaba sobre la base de las fases lunares. La celebración se estableció recién durante el Nuevo Imperio, y se mantuvo durante varios años después de terminado éste.

Como todo en el Antiguo Egipto, Opet no era un festival que dejara de lado el poder faraónico del rey. Se creía que, durante las celebraciones, el poder de Amón era transferido de manera ritual a su heredero viviente: el gobernante del momento. De modo que la imagen del faraón era central en esta tradición religiosa.

Como decíamos, la multitud –precedida por el faraón y sus sacerdotes– llegaba al templo de Luxor con la barca sagrada sobre los hombros. Allí, la depositaban en la oscuridad del interior, y encendían los inciensos rituales. El faraón abandonaba el santuario y sus seguidores lo veneraban y perdonaban cualquier error que hubiera cometido durante su gestión. Así se renovaba el poder del gobernante, hasta el año siguiente.

Imprimir

Etiquetas:

Categorias: Egipto, Historia de Egipto



Deja tu comentario