Conociendo mejor la pintura del Antiguo Egipto

Pintura en la tumba de Menna

En artículos anteriores hemos hablado sobre la pintura mural de las tumbas egipcias y su fuerte carácter religioso. Más allá de su belleza decorativa, estás tenían que asegurar el bienestar del difunto en la otra vida y para comprenderlas mejor, vamos a realizar un breve análisis de una pintura en la tumba de Menna en Tebas, quien fue un noble escriba al servicio del faraón Tutmosis IV en el siglo XV a.C.

La tumba de Menna es una de las más elegantes del Imperio Nuevo y una de las mejores representaciones de las actividades de caza y pesca del antiguo Egipto. Los egipcios aprovechaban las orillas del río Nilo para cazar y pescar, una actividad económica y un pasatiempo para la elite. Pero estas actividades tenían también un profundo sentido alegórico ligado a sus creencias, pues la captura de las aves o de los peces simbolizaba la aniquilación de aquellos enemigos del difunto que podrían impedir su llegada al otro mundo.

En este caso vemos a la alegre familia pescando y cazando aves. El difunto aparece representado dos veces: cazando patos con un arma arrojadiza y arponeando a dos grandes peces tilapias, muy habituales del Nilo. Esta especie tiene algo muy partícula: la madre protege a su cría del peligro tragándosela y regurgitándola en cuanto el peligro ha pasado. Este “renacimiento” era considerado una metáfora de sus creencias religiosas. Los dos grandes peces también representan la muerte y la vida futura: dos aspectos del momificado listo para renacer inmortal.

En la imagen, Menna está acompañado de su esposa, hijas y sirvientes, sobre un barquito de papiro, rodeado de aves, plantas y peces. La composición se divide simétricamente en dos partes por un eje vertical, un efecto de espejo que equilibra el diseño siguiendo los principios del orden de Maat (justicia, moral, armonía cósmica). La profundidad espacial se sugiere superponiendo elementos y rebatiendo el plano del agua para que podamos ver lo que hay en ella. Los peces arponeados están rodados de un óvalo que se emerge de la superficie, destacándolos.

Las figuras humanas responden a la ley de máxima representación que obligaba a dibujar todas las partes del cuerpo para evitar mutilaciones en la otra vida. Sin embargo, un sirviente puede ser representado en una pose no convencional porque pertenece a otra clase social, como se puede ver en la imagen a una sirvienta arrodillada y de completo perfil. El agua se representa con líneas en zigzag, otra de las convenciones del arte egipcio, y el difunto siempre es representado en su plenitud y vestido elegantemente. Los tamaños de los personajes se asignan jerárquicamente: el más grande es Menna, le sigue su esposa, luego sus hijas y por último los sirvientes.

Las figuras son planas, no hay sombras ni modelado que emulen volúmenes, y la luz es homogénea. Las figuras se destacan dle fondo con líneas nítidas y cerradas, y también con el uso de colores ocres oscuros en las pieles y los negros en los cabellos, en contraste con el rosado del fondo. Mientras que la vegetación se realza con verdes y marrones, los amarillos, naranjas y rojos de los peces contrastan con las tonalidades azuladas del agua.

Además de su carácter alegórico, la caza y la pesca recordaban el placer del contacto con la naturaleza, y los personajes se muestran alegres de atravesar los pantanos que eran considerados “lugares de eternidad”. Las pinturas de la Tumba de Menna son un claro ejemplo del importante papel que estas prácticas tenían en la vida de los antiguos egipcios.

Foto vía: metmuseum

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Categorias: Arte egipcio, Egipto



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