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El faro de Alejandria

Concebido por el rey Ptolomeo I Soler alrededor de 290 a.C. para que Alejandría pudiera ser identificada desde muy lejos, el Faro, erigido sobre una isla cercana al centro de la ciudad, se convirtió en una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo.

 La torre octogonal, de 100 metros de altura, se asentaba sobre una base cuadrada de alrededor de 20 metros de alto. Se componía de bloques de vidrio y mármol, para así resistir la fuerza del agua marina. Durante el día, un espejo ubicado en su cima reflejaba la luz del sol; durante la noche, una hoguera guiaba a los numerosos barcos que acudían a la ciudad.

Además, constituyó una atracción turística desde sus comienzos. Los visitantes podían acceder a un pequeño balcón en la parte superior, ubicado a 300 metros sobre el nivel del mar, desde el cual la vista resultaba impactante.

Durante un tiempo, el faro fue el edificio más alto sobre la tierra. Los cálculos para su estructura fueron realizados en la Biblioteca de Alejandría. Pero los violentos terremotos que azotaron Alejandría entre 320 y 1303 d.C. fueron deteriorándolo, hasta destruirlo por completo. Algunos de los resabios se exhiben actualmente en un museo al aire libre cerca de Kom el-Dikka, en Alejandría.
Un siglo después de su desaparición, en 1480, el sultán Mameluco Qaitbay edificó una fortaleza sobre las ruinas, y utilizó para ello la piedra y el mármol blanco con que éste había estado construido.

Hoy en día, en la isla pueden contemplarse columnas de granito y mármol. En ella se emplaza el Museo Hidrobiológico, que alberga un Acuario de cincuenta peceras marinas, con peces del Mediterráneo y el Mar Rojo. Puede accederse a la isla a través del puerto de Alejandría, al cual está unida por un dique, por el que circulan varias líneas de tranvías.