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El Templo de Karnak: consagracion de faraones

El templo de Karnak, consagrado a Amón –divinidad central de la mitología egipcia–, es una de las construcciones más impactantes de Egipto –lo cual es decir bastante–. Su edificación se desarrolló a lo largo de siglos. Todos los grandes faraones de la historia quisieron manifestar su poderío y la grandeza del Imperio erigiendo cada uno magníficos templos, muros, estatuas y todo tipo de monumentos en honor de los dioses.

Seti I, con una ofrenda floral

Si bien la parte más antigua del Complejo de Templos de Karnak dificulta la determinación de las edades de muchos de los sectores que lo conforman, casi todos los especialistas coinciden en que el Patio del Imperio Medio es el que porta mayor antigüedad. La Cámara de los Antepasados, actualmente exhibida en el Museo del Louvre, en París, cuenta entre sus muchas inscripciones con una en particular, que sostiene que el Templo de Amón data de la Dinastía III.

Tutmosis I fue el primero en introducir modificaciones de importancia en el Templo. Rodeó al santuario primitivo con un muro. El acceso era posible a través de un Pilono de piedra arenisca, adornado con piedra caliza. Delante de este Pilono construyó una sala hipóstila con techos de madera. Un segundo muro fue erigido bajo su gobierno: éste rodea al anterior y da lugar a otro Pilono, frente al cual se construyen dos obeliscos. Sólo uno se conserva en la actualidad.

Hatshepsut instala dentro del santuario la Capilla Roja, que cumplía la función de Embarcadero sagrado.

Avenida de las esfinges

Ramsés II construye la avenida de las esfinges, de la entrada actual, parte de la cual es atribuida por algunos estudiosos al período de Tut-anj-amon.

Los muros y las edificaciones del Gran Templo de Amón llevan inscritas las voces de la historia, hablan a los visitantes que se adentran en su laberinto de antiguos rituales y misterios remotos que hacen de Karnak un destino único.

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