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El Templo de Karnak: un exterior majestuoso

Cuatro kilómetros separan al Templo de Luxor del Templo de Karnak. Entre ellos, se abre la asombrosa avenida de las esfinges, construida por Ramsés II, pero parte de la cual se atribuye a Tut-anj-amon. Visitado por miles de fieles y reverenciado por todos los faraones de la antigüedad, la “morada de Amón” es un despliegue de demostraciones de magnificencia por parte de los gobernantes y un documento histórico que atestigua los modos de vivir la religión y la política de los egipcios de antaño.

Una de las esfinges de la Avenida de las Esfinges

Las esfinges están apostadas a ambos lados de la avenida procesional por la que cada año desfilaban las barcas sagradas, durante la fiesta de Opet, en la que Amón abandonaba su templo y se dirigía a Luxor. Es en representación suya que sobre los cuerpos de león descansan cabezas de carnero, y entre las patas exhiben una diminuta estatua osiríaca del rey, con el Anj entre sus manos.

La avenida desemboca en el Primer Pilono del templo, que permite atravesar el muro exterior, último en ser construido. El pilono está inacabado: se distingue una notable diferencia de tamaño entre el muro izquierdo y el derecho, la puerta que debió colocarse entre ellos no llegó a ser instalada y la rampa utilizada para su edificación permanece en el lugar en el que fue abandonada, en la parte derecha del muro posterior del Pilono.

Estos primeros muros a los que se llega por la avenida de las esfinges, que rodean el complejo en su totalidad, fueron erigidos siguiendo un patrón ondulante que simboliza las aguas del Nun: las aguas primigenias de donde surge toda la vida. Poder y mitología se combinan en el Templo de Karnak en un modo que hoy nos es inconcebible, pero que para los antiguos egipcios era la forma natural de vivir y de comprender el mundo.

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