Preparativos para la eternidad, la momificacion

Momia

Los antiguos egipcios fueron maestros del proceso de momificación. Motivados por sus creencias en la vida de ultratumba, debían mantener el cuerpo inalterado para que diariamente, cuando el dios Ra se ocultara hacia el oeste, pudiera ser seguido por el muerto y éste viviera eternamente.

Desde el Imperio Antiguo se fue elaborando el proceso de momificación, pero sólo los faraones y sus allegados gozaban de este privilegio. Durante el Imperio Medio, un complicado proceso político-social originó una mayor posibilidad entre el pueblo de acceder a la momificación, y para el Imperio Nuevo todo aquel que tuviera los medios necesarios podía hacerse momificar; los ricos y poderosos obtenían los métodos más refinados, y los pobres un procedimiento más accesible y sencillo.

Heródoto, historiador griego, mencionaba que las técnicas de momificación podían ser de tres clases, de acuerdo a las posibilidades económicas del que lo encargaba.

El embalsamamiento era una operación larga y según algunos documentos se necesitaban nueve meses para completar el proceso. Básicamente, este consistía en la desecación de las carnes luego de extraer las entrañas. Los órganos internos, al ser los más perecederos, se retiraban del cuerpo y se conservaban en recipientes denominados canopos o canópicos.

Una vez cumplidos todos los ritos correspondientes, los sacerdotes transportaban la momia a través de un pasaje cubierto, y para protegerla a ella y a sus estatuas del doble, se construía la tumba con muros gruesos, se escondía el sarcófago y se colocaban obstáculos de todo tipo. Muchos amuletos rodeaban el cuerpo embalsamado para defenderlo y en los muros se inscribían fórmulas mágicas que podían usar los muertos contra sus enemigos.

Durante el Imperio Nuevo el arte del embalsamamiento llegó a su apogeo con la incorporación de aromas y esencias asiáticas. De esta época provienen las momias mejor conservadas, y este método se siguió utilizando hasta el fin de la civilización egipcia, incluso en época de dominación romana.

Todo comenzaba con un escriba que trazaba con un pincel sobre el abdomen la incisión que harían los embalsamadores. Uno abría el flanco con un cuchillo, otro retiraba las vísceras –excepto el corazón y los riñones-, las lavaba y colocaba en aromas. Luego llenaban la cavidad del abdomen con mirra, canela y otros perfumes, cosían el cuerpo y lo dejaban macerar durante setenta días en un baño de natrón (carbonato de sodio natural). Luego lavaban el cuerpo y comenzaban a envolverlo, poniendo aromas en las vendas y mortajas de lienzo impregnadas en goma arábiga y se completaba con una protección mágica: cada trozo de tela se colocaba con una oración que decía: “Tú revives, tú revives eternamente, eres de nuevo joven para siempre”, para finalmente añadir amuletos entre las vendas o cosidos al sudario.

El principal amuleto era un escarabajo grande denominado Khepri que se colocaba sobre el corazón y que incluía una fórmula para que el éste no testimoniara en contra de su dueño en el Juicio de Osiris. El cuerpo momificado se convertía entonces en un Osiris, por lo cual participaba de los privilegios de éste dios y estaba protegido por él.

Foto vía: wikimedia

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Categorias: Historia de Egipto




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