El escultura sedente del faraón Kefrén

faraón Kefrén

Kefrén o Jafra (en egipcio) fue un monarca de la Dinastía IV que reinó desde el 2547 al 2521 a.C. Hijo de Keops -aunque quizás no su primogénito-, tuvo un corto pero próspero reinado cuyos acontecimientos más destacados se desconocen, pero su legado artístico nos dibuja retazos de su tiempo como soberano.

El historiador griego Heródoto escribió que Kefrén reinó más de cincuenta años y que en su época Egipto se encontraba en la mayor indigencia, ganándose el desprecio de su gente, pero esto se contradice con la construcción de sus templos. Al igual que su padre, Kefrén construyó una gran tumba siguiendo el modelo de pirámide perfecta e incluso se le atribuye la construcción de la famosa Esfinge (aunque algunos investigadores piensan que el cuerpo de la esfinge se había esculpido con anterioridad y que luego el faraón se apropió de ésta y mando a tallar su rostro).

Con respecto a la producción escultórica, su estatua de tamaño natural sigue siendo la obra maestra del Imperio Antiguo, tanto por la destreza de la labor como de su carácter simbólico, pues representa el concepto de soberanía en el Egipto antiguo. Hieratismo, rigidez, formas cúbicas y frontalidad son los elementos esenciales de la escultura egipcia.

La estatua sedente de Kefrén tallada en diorita y hoy ubicada en el Museo Arqueológico de El Cairo, reúne todas las características que hicieron de la escultura egipcia un arte memorable. Se trata de una figura sedente de cuerpo entero realizada con bajorrelieves. Se lo representa al faraón semidesnudo, con sólo el faldín plisado, en una postura de rígida simetría. Sentado sobre un trono ornamentado cuyos lados muestran las flores del Alto y el Bajo Egipto, enlazadas como símbolo de unión, las manos de Kefrén descansan sobre sus rodillas, mientras mantiene la cabeza erguida y mira al infinito. Lo acompaña el halcón que representa al dios Horus abrazando su cabeza por detrás con sus alas.

La unidad y el equilibrio crean una poderosa imagen de la majestad divina. Originariamente, estaba ubicada en el templo del valle del faraón, en el interior de una fosa enlosada. Si bien su rostro está tratado de modo idealizado y los paños muestran escasos pliegues, su función era la de servir como doble del faraón para que su alma pudiera reconocer su cuerpo en vida cuando regresara de la otra vida.

A pesar de los múltiples estudios realizados, el reinado de Kefrén sigue estando velado por un halo de misterio, pero su legado sigue vivo en las maravillosas construcciones y esculturas que se realizaron durante su paso por el mundo de los mortales.

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Categorias: Arte egipcio, El Cairo, Historia de Egipto




Comentarios (1)

  1. Ronald dice:

    Me parece muy interesante la historia de este, como de otros tantos emperadores Egipcios, pero me gustaria saber mas de la vida del Emperador Egipcio Tutan Khamun, muy bueno el relato ,los felicito y siganme enviando mas de estas historias porfa, bye .

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