Serapis, el dios greco-egipcio

Serapis

El rey griego Ptolomeo Soter gobernó entre el 305 y el 285 a.C. y utilizó el sincretismo religioso como uno de los medios para unificar Egipto y Grecia. Así, a partir del culto de Osiris-Apis en Menfis, al cual tanto griegos como egipcios adoraban, creó la figura helenizada de Serapis.

El culto a Serapis se difundió con gran rapidez por todo el mundo greco-romano y aún más que en el propio Egipto, y esto lo atestiguan inscripciones y monedas halladas en el Oriente griego. El centro religioso de esta advocación fue a recién fundada ciudad de Alejandría (332 a.C.) y Serapis se convirtió muy pronto en un dios omnipotente que reinaba, sobre todo, en el mundo subterráneo, ya que se lo asociaba con Hades (o Plutón para los romanos).

Pero Serapis fue una creación puramente intelectual que carece de mitos o leyendas. No olvidemos que la cosmopolita Alejandría fue una ciudad muy especial, fértil terreno para todo tipo de especulaciones intelectuales. Esta divinidad posee una compleja estructura, pues comparte atribuciones con Osiris, con lo cual participó de un mito ctónico y a la vez de ultratumba, y con Zeus, ya que posee todas sus atribuciones. En su relación con los hombres, era considerado un dios curador que sanaba a los humanos, sobre todo a través de los oráculos que interpretaban sus sacerdotes.

De todos modos, las opiniones con respecto a los orígenes y la naturaleza de Serapis son varias y constantes. Algunos dicen que proviene de un culto babilónico, otros que deriva del dios menfítico del mundo subterráneo o que es una libre creación teológico-política de Ptolomeo I. Pero aunque este debate aún no se haya resulto, es indudable que su culto tuvo mucho éxito en la sociedad alejandrina y posteriormente en el mundo romano, sobre todos en aquellos que se sentían atraídos por las devociones esotéricas.

La imagen canónica que se veneraba estaba inspirada en el tipo tradicional del Zeus barbado, con larga cabellera, de edad madura, con expresión grave casi amenazadora, y podía presentarse tanto de pie como sentado en su trono. Era frecuente mostrarlo sobre el lomo de un cocodrilo, llevando en su mano izquierda una regla para medir las inundaciones del Nilo, y en la derecha sosteniendo un extraño animal de tres cabezas y cuerpo de serpiente: la cabeza de león significaba el presente, la del lobo el pasado y la del perro el futuro. También se podía ver un pequeño busto llevando en su cabeza un “modio”, que era la antigua medida romana para pesar granos.

El templo de este dios se llama Serapeum y no sólo era un lugar de culto con capillas, sino además de enterramientos con catacumbas subterráneas. En 1851 el arqueólogo francés Auguste Mariette descubrió en Saqqara los restos de uno de estos santuarios, con galerías interiores con sarcófagos de los bueyes sagrados, capillas, templetes y una suerte de hospital donde los creyentes enfermos pasaban la noche con la esperanza de ser sanados milagrosamente por esta divinidad. Incluso el emperador Adriano, en su Villa de Tívoli, construyó un espacio dedicado específicamente al mundo greco-egipcio: el Canopo, donde la arquitectura rememora a la vez un lugar físico y un espacio sagrado, es decir, un pequeño brazo del Nilo y un santuario destinado al dios Serapis.

Foto vía: orchidnights

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Categorias: Mitologia egipcia




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