La industria cinematografica y teatral de Egipto

Rodaje Agora

En materia artística, y dentro del ámbito teatral y cinematográfico, Egipto es símbolo de respeto y admiración por su amplia trayectoria y por su nutrida y antigua cultura, que en muchas ocasiones, represento una fuente de inspiración para renombrados directores que supieron explayar sobre las tarimas y la pantalla grande, diversas e intrigantes obras.

El teatro estaba muy arraigado en la cultura egipcia mucho antes de que llegaran los griegos y construyeran sus anfiteatros clásicos, como por ejemplo el teatro de Oxyrhynchos con capacidad para diez mil espectadores.

Egipto fue el primer país de Oriente Medio y África en contar con un Teatro de la Ópera. El primero de ellos fue construido en 1869, con capacidad para dos mil espectadores en sus tres teatros; además, disponía de un museo, una galería de arte y una biblioteca de música.

Hoy en día, el teatro clásico y moderno goza de un gran reconocimiento a través de festivales internacionales, como el “Festival Internacional de Teatro Experimental de El Cairo” o el “Festival Internacional de Cine de Alejandría” al que acuden dramaturgos y actores de más de 46 países.

En lo que respecta al denominado séptimo arte, el cine egipcio fue la tercera industria más grande del mundo durante los años 50. También ha sido dueña de grandes directores como Youssef Chahine, conocido por muchos como el Fellini de Egipto, quien gozó de una carrera llena de éxitos cinematográficos, siendo distinguido en Cannes en 1997. Sus películas, subtituladas en inglés y francés, participan en diversos festivales internacionales de cine, aunque por supuesto, no podemos dejar de destacar a Hisham Abdel Khalek, el joven productor, director y guionista que actualmente reside en París.

Como dijimos, Egipto ha sido, desde comienzos del siglo XX, el protagonista principal en muchísimos Films. Entre ellos se pueden destacar Los diez mandamientos (1923), Sinuhé el egipcio (1954), Muerte en el Nilo (1978), La Espía que me amó (1977), La Esfinge (1980), Ruby Cairo (1992), El Príncipe de Egipto (1998) y la recientemente estrenada Agora de Alejandro Amenábar.

Esto nos demuestra claramente el crecimiento y el gran valor que Egipto posee, como un país que despierta  la imaginación en toda clase de público alrededor del mundo y como un libro que no posee fin y del cual se pueden extraer continuamente las más extraordinarias narraciones.

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Categorias: Arte egipcio




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