El legado de las Agujas de Cleopatra

Aguja de Cleopatra

Las grandiosas agujas de Cleopatra, fueron construidas por Tumotsis III en el año 1450 a de C. en la ciudad de Heliópolis, son una pareja de obeliscos, de mas de 20 metros de altura y cerca de unas 180 toneladas de peso, de granito rojo y con inscripciones jeroglíficas. Más tarde al ser admirados por Cesar Augusto, ordena que sean transportados a Alejandría, a su templo personal, para 200 años más tarde ser decorados por Ramses II.

La pérdida de interés por ellos, sumado a la decadencia de Roma, hace que sean enterrados, esto ayudará a que se conserve la decoración de los mismos y se conserven en buen estado, librando guerras y batallas.

Siglos después, en el siglo XIX, tras su descubrimiento ambas agujas serán separadas, poniendo miles de kilómetros de por medio, siendo ubicadas una en Londres y otra en New York, respectivamente.

El obelisco que tuvo como destino Londres fue regalado en 1819, por Mehemet Ali al gobierno británico, conmemorando la Batalla del Nilo, pero fue transportado  a Inglaterra, hasta casi 60 años más tarde, donde es trasladado por el barco «el Cleopatra», construido para este fin y después de discusiones y problemas con su transporte y colocación, deciden colocarlo junto al Támesis.

Cientos de objetos fueron colocados en el pedestal del obelisco antes de su colocación, incluidas dos estatuas en bronce de Tumotsis III, que más tarde pasarían a la colección privada del Duque de Northumberland.

Una de las inscripciones del obelisco, cuanta la historia, es mandada colocar por la Reina Victoria, actualmente son visibles las secuelas en el pedestal y escalones del obelisco, producidos por un bombardeo en 1917.

La otra aguja es regalada  1869 por Ismail Pasha de Egipto a los Estados Unidos, para estrechar relaciones comerciales pero el Gobierno de los Estados Unidos, considera que la tarea resultará extremadamente costosa, hasta que se que se hace cargo del asunto un magnate privado y después de cientos de contratiempos, once años después llega a América.

Deciden colocarla en el Central Park, pero no cuentan con la influencia del clima, que años más tarde dejará su huella impresa en una de las caras de la columna, debido a la humedad y vientos, típicos de la zona

Aunque un grupo de arqueólogos se ha encargado de la restauración del obelisco, la influencia del viento ha borrado casi todas las inscripciones y ha ejercido un daño irreparable, al no tener traducciones anteriores, de dichas inscripciones.

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Categorias: Arte egipcio, Historia de Egipto




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