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Un museo arqueológico bajo el agua

La ciudad de Alejandría, sobre el 303 a de C., sufrió los fenómenos de la licuefacción. Esto hizo que todos los palacios y monumentos desaparecieran bajo la tierra. Esto, unido a los tsunamis y maremotos que han ocurrido después, hicieron que todo el perfil de las costas cambiaran y parte de Alejandría se halle bajo el agua, donde hace años que vienen encontrando restos de esta ciudad.

El arquitecto Jacques Rougerie ha planeado un museo bajo el agua, desde el cual se podrían contemplar todos los restos y tesoros que aún quedan en el agua con una superficie de unos 22.000 metros cuadrados, en el cual el arquitecto calcula que pudiera tener unos  tres millones de visitantes al año. El lugar que ha propuesto Rougerie, está cercano a la Biblioteca de Alejandría, donde se cree que pasaron sus últimos momentos Cleopatra y Marco Antonio.

Con la construcción de este museo, se podrían mostrar monumentos del Palacio de Cleopatra y tesoros de éste, el cual se hallaba en una isla, que desapareció bajo las aguas de la bahía, después de todos los desastres naturales, ya que miles de restos arqueológicos se han hallado bajo estas aguas como esfinges, estatuas y restos de naufragios pertenecientes a griegos y romanos.

El museo podría albergar piezas, que en otro tiempo pertenecieron al Faro de Alejandría, considerado como una de las siete maravillas del Mundo Antiguo, debido a que la riqueza de tesoros es impresionante en este área en concreto y se piensa que pudo ser el sitio de localización del faro, además de centenares de objetos ya localizados y teniendo en cuenta que la antigua ciudad de Alejandría desapareció bajo sus aguas.

Rougerie propone un museo marino y terrestre, para crear al visitante una experiencia única, donde también puedan admirar la cantidad de tesoros que se hallan en el agua, desde un edificio rodeado de cuatro enormes estructuras similares a las felucas o barcos antiguos que navegaban por el Nilo, estas naves de vidrio estarían iluminadas por luces azules dispuestas en distintas perspectivas; este comunicaría con el museo terrestre, más largo y construido en fibra de vidrio.

El único problema con que ahora cuentan serían las aguas, un tanto cenagosas, podrían oscurecer la vista  de los monumentos y de que no diese resultado la limpieza de las mismas, habría que sustituirlas por una laguna artificial, en cuanto a la estructura, no resulta un problema mayor, ya que las aguas solo cuentan con una profundidad de unos seis metros y no ejercerán una fuerte presión sobre los muros.

La UNESCO, estaría de acuerdo con el proyecto, dado que consideran que las piezas, deben de seguir donde se encuentran, para respetar el contexto histórico y preservar el Patrimonio Submarino y porque el agua conservaría las piezas.