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Administracion y hacienda en el Antiguo Egipto

En un imperio como el egipcio, todo tenía que estar ordenado, claro y bien atado. Quien más quien menos hemos oído hablar alguna vez de su burocracia y sus escribas.

Sin embargo, para ello y para que todo pudiese ser llevado a cabo correctamente y las cosas funcionasen como si de una máquina bien engrasada se tratase, la organización político- administrativa del país era uno de los puntos más importantes a tener en cuenta.

En este sentido, Egipto se encontraba dividido en diversos “sepats” (lo que hoy en día traduciríamos como provincias y que en griego se conocía como “nomo”). Se cree que esta partición comenzó a darse durante el Período Predinástico, cuando cada sepat se constituía como una ciudad-estado con autonomía, y llegó a durar tres siglos.

A lo largo de ellos, el país se dividió en 42 provincias, a saber: 20 durante el Bajo Egipto, mientras que el Alto Egipto comprendía 22. Cada uno de ellos estaba gobernado por un nomarca, o gobernador provincial, que estaba en posesión de la autoridad regional.

Por lo que respecta a la Hacienda, el gobierno implantó varios tipos de impuestos que iban en función de las rentas de cada persona y los cuales, al no existir moneda, debían de ser pagados en especies bien fuese en trabajo o en productos. Quien controlaba todo este complejo sistema era el denominado Tyaty, que ordenaba a todos sus subordinados tener en perfecto orden y al día todas las reservas que eran almacenadas y sus cálculos de futuro.

El Estado, además, solicitaba a una persona de cada hogar para realizar tareas públicas a lo largo de algunas semanas al año; este tipo de trabajos podían ir desde limpiar canales o trabajar en la minería, hasta participar en la construcción de templos y pirámides. Aquellas familias que tenían una situación económica holgada, podían contratar sustitutos que realizasen por ellos estas obligaciones.

Foto Vía: El pesebre